viernes, 13 de abril de 2012

Vidas pasadas. Vidas amando.

La sensibilidad no va y viene. Está o no está ahí. Y Valeria sabe que la suya le acompaña desde el principio de los tiempos. Desde aquella su primera vida en los Cárpatos en la que murió al parir y volvió a ser reducida una vida tras otra en nombre del amor. Por supuesto le acompañó su sensibilidad en otra vida en una tribu africana donde a pesar de ser una mujer fuerte y valiente acabo siendo esclavizada, vejada y humillada en algún país de América del Sur. Y cómo no, estoy segura que también la sensibilidad la bendijo en aquella vida tan excitante que fue para ella ser puta en el Paris de Versalles. Apostaría lo que no tengo sin miedo a perderlo, a que a pesar de todo disfrutó de la sensibilidad en esta vida en particular.
Y aunque parezca que algunas de sus vidas no han sido en el paraíso, sé que disfruta de la que tiene. Incluso ya ha aprendido que su trabajo es amar. Amar las luces de Antares, la noche que le trae los sueños más húmedos en tu nombre, las caricias que derrocha por tu abdomen,  las lágrimas que le limpian las pupilas para seguir mirándote cuando duermes, los dibujos que dejan tus ojos en el aire cuando la miras, el sonido de cada susurro que quisieras deslizar por su espalda.
Sí, esa es su profesión y puede que cuanto más te ame, más la desprecies, a Valeria le encanta su profesión y se ha especializado en amarte sin condiciones. Pero no nos confundamos, no es que Valeria sea una heroína. En realidad tiene una razón egoísta por la que ha decidido ser especialista en amarte. Su razón es conservar vida tras vida esa sensibilidad de la que no puede ni quiere desprenderse.
Hasta el fin de los tiempos.


Valeria

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